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FINANZAS

Santilli respaldó la deuda de 250 millones de dólares que aprobó Salta

La disonancia entre los funcionarios nacionales y los representantes locales de La Libertad Avanza exhibe fisuras en la disciplina partidaria ante la gestión de pasivos públicos. Para Salta, el aval de Balcarce a la reprogramación de 250 millones de dólares consolida el margen financiero del Ejecutivo provincial, sorteando el rechazo legislativo de la oposición comarcana.


Hay en la práctica política una recurrente paradoja donde el rigor doctrinario suele capitular ante la pragmática necesidad del crédito. La reciente sanción legislativa en Salta, que autorizó al gobierno provincial a ejecutar una operación de endeudamiento por 250 millones de dólares destinada a diferir vencimientos y fondear obras de infraestructura, expuso una discordancia singular entre la cúspide federal y sus emergentes comarcanos. Tras reunirse en Buenos Aires con el gobernador Gustavo Sáenz, el jefe de Gabinete nacional, Diego Santilli, brindó un explícito respaldo al proyecto y desaprobó con aspereza la conducta de los legisladores salteños de La Libertad Avanza.

El reproche del funcionario nacional apuntó directamente a la falta de armonía institucional de la bancada libertaria, que optó por el voto negativo en la Cámara de Diputados y por la ausencia en el Senado, tal como ocurrió con el legislador Roque Cornejo. Para Santilli, dicha tesitura no resulta coherente con los lineamientos del gobierno que encabeza Javier Milei. En declaraciones periodísticas, el mandatario nacional sostuvo que postergar compromisos hacia adelante a un menor costo financiero configura un temperamento técnico razonable que la propia Nación despliega con distintas jurisdicciones, prescindiendo de afinidades partidarias.

La controversia trasciende la mera anécdota parlamentaria para situarse en el ámbito de la coherencia legal y económica. Desde una mirada estrictamente jurídico-financiera, la sustentabilidad de las cuentas locales depende de la capacidad de reprogramar pasivos sin desairar la pauta macroeconómica central. Al desmarcarse de la premisa que el oficialismo nacional pregona y ejecuta, los legisladores salteños dejaron al descubierto la carencia de una línea unificada, enfrentando una reprimenda pública que deja al descubierto los desajustes entre el discurso de trinchera y la administración del Estado.

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